11-

11 Abr

– como humphrey en tus senos!, –

 

Occam sabía que si tomaba demás vino, sabía que se emborracharía; caminaba como una gacela por la calle, la ropa se desgarraba y caía sobre el piso mojado por la lluvia matinal, toda la noche en un bar de la rua honduras, los faroles estilado años 30 en las esquinas, verdes raidos por las lluvias, caminaba.

La noche se había prolongado demasiado, el vino, ahora, además de exudar vahos, exudaba por todos los poros meo, tres botellas verdes Santa Mónica, un meo guiness rubí intenso, malbec, nunca le gustó el malbec mendocino, pero se habían quedado sin otro vino en la bodega, cinco míseros vinos, Michel Torino frutal, una mezcla de uvas que resulta en una basura intomable, un presumido Fond de Cave, borrachera de cirroso, y el preferido de un Henri Bukowski, Luigi Bosca y Finca Flichman, toda la noche en el bar hablando de pequeñeces abismales.

Sus ojos se perdieron en los anteojos de Manon como un pájaro en fuegos, marrones de una nena glamorosa, sus ojos parecían azules,

tenía Revlon pestañas largas delineadas,

Rita Hayworth entre sus pequeños puntiagudos senos,

se sentía Humphrey Bogart perdido en un sillón de plumas,

luz tenue,

amarilla y los almohadones de tela los acogían,

largos largos juegos de flirteo, y un beso en la mejilla, compartieron el vino,

Occam sabía que si tomaba demás vino, sabía que decía y desvariaba en las versiones almidonadas de los cuentos, hipster anacrónico, la amaba a Marlene, amaba a cualquier nena que se apellidara con emes, Monina, Miliana, borracha labios carmesíes, pasta de uva en las encías, amanecía en un día gélido y su cara era gris, el maquillaje desprolijo, la uní-pasta pestaña empastada,

congelada,

bizca por el vino,

labios carnosos granate,

puta de cuarta,

bizca, coja, tuerta y demás cajeta,

tabique polvoriento con ojos de búho, uiaba nimiedades trascorridas sin respirar, era como una diva diver en busca del récord de profundidad, se sumergía en un azul profundo de palabras y palabras y palabreaba rambleantes, insignificantes, cosas que uno puede hablar de boludeces, pero intercalando algún comentario ácido, cosas que uno puede hablar o mejor callar, pero ninguno tripeante, pero no, esta nena era bla,

bla y

bla,

y sin parar, no siendo el caso de medusa, no importaba si decía boludeces ya que te ponía de piedra y el tiritante castaneo de dientes de la mañana mientras meaba en la calle, se acercó a la parada de colectivo, levantó la mano y se olvidó de aquella noche.

 

bogartlicht

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