13-

22 Abr

Hola cómo les va? Muchos de ustedes llegaron a este blog buscando fotos de manzanas!!! Genial, aquí encontraran una foto muy buena que retoqué con el photoshop de una manzana atrapada en un árbol. Si les gusta, usenla, pero recuerden mencionar de dónde la tomaron. Gracias.

Antes de que se vayan me gustaría realizar un pequeño experimento.

Éste es un blog de literatura, mi blog. Aquí publico cuentos y poemas que voy escribiendo.

Tómense un momento y naveguen por la página, van a encontrar algunas cosas interesantes y quizás algo que les guste.

Los invito a leer algunos textos escritos por mi. Vayan a la sección de las categorías (abajo de todo) y busquen lo que más les atraiga.

Saludos,

Tomás.

Les recomiendo empezar por un pequeño e-book gratuito que publiqué. Para leerlo presiona esta oración.


– una primera cita –

Habla Díos, y él dijo, vos Adán que estás solo, te doy una compañera. Es para que compartas el tiempo, le dijo él. Para que no estés solo, agregó. Adán no lo entendió, no veía donde estaba, aquello que le quería dar. Miró a la izquierda, los árboles se extendían a lo lejos en el Edén, las hojas del otoño caían como copos en montañas; a su derecha, el río navegaba como peces calidoscopios. Eran plateados. Hacia arriba estaba él, o por lo menos eso era lo que le había dicho. Prefería no mirar, le provocaba demasiado terror, tanto como para hacer temblar sus diminutas rodillas. Adán no entendía dónde estaba ella.

La primera noche que oscureció, encontró unas ramas, eso fue lo que dijo mirando a hurtadillas hacia el cielo. Las encontré tiradas en el piso, no las corté de los árboles. Tenía frío y mientras se acurrucó entre sus rodillas, como sentía que era la forma más cálida que podía encontrar, así lo hizo. Se sintió solo. Dónde estaba ella, qué era ella?

Y una lágrima se deslizó a lo largo de su mejilla, mientras descendía por su cuello; por qué no te encuentro, si él me dijo que me ibas a dar compañía. No pudo evitar sollozar, se sentía solo. La lágrima siguió su curso como un pez plateado que resplandecía en compañía del fuego, por su cuello, pasando por el pecho de Adán por primera vez. Una primera noche. Encontró su camino entre el brazo y axila para llegar hacia sus costillas, para brillar. Algo pasó, ese brillo se transformó en un resplandor que fulguraba, no era el fuego del cielo, los peces ya dormían; una voz habló.

Adán se levantó en un pie, repicó sorprendido, estaba solo, o él le había mentido, pero la voz habló de nuevo. Adán petrificado, sintió todo su cuerpo temblar como una hoja que cae de un árbol, girando y pataleando friolenta. Miró nuevamente por segunda vez en ese día hacia su izquierda, las hojas de otoño descansaban cálidas sobre los pies de sus árboles, la derecha roncaba burbujas y arriba serruchaban milagros soñolientos.

Estaba oscuro, muy oscuro como para poder distinguir algo, pero Adán venturó una respuesta al viento, su primer palabra, ya que con él no se podía hablar, siempre era demasiado éxtasis esto y demasiado sublime lo otro, sólo ideas e ideas, nunca cosas concretas, rayos acá y truenos allá, en fin, como decía Adán con vos viejo no se puede hablar.

-Hola-, y se quedó mudo, demasiado miedo, primer primera conversación; del mundo para colmo.

Qué se dice, le voy a gustar, lo dije con una vos demasiado aguda, demasiado grave, mostré miedo, fui seguro, le gustó, no le gustó, podría haber dicho más, la cabeza de Adán daba giros y tumbos. Se sentó y después debió arrodillarse. No fue suficiente, el mareo era mucho, bajó su cabeza lo suficiente como para escuchar a las hormigas comiendo glotonas su banquete.

-Hola-, dijo ella, más tranquila y sin titubear. Sabía lo que hacía. Charlaron toda la noche hasta que Adán se desplomó del cansancio, charlaron sobre todo lo que se puede hablar en una primera cita junto al fuego que aprendieron a crear.

Se conocieron en la oscuridad, Adán estaba verde del mareo que tenía. Como se iba a contar ese relato a todo el mundo; la clásica historia de cómo fue eso. La primera cita.

A la mañana siguiente, Adán remoloneo entre las hojas y las ramas, las juntó porque hacía frío le explicó a él, la fogata ya hace mucho se había ahogado dejando sólo el vago recuerdo de una silueta azul, el mediodía llegó y había que levantarse. Juntó todas sus fuerzas, miró nuevamente hacia todos lados dónde se había ido ella. Ni siquiera le pregunté el nombre.

Y allá a lo lejos se escuchó un ruido seco. Una manzana dejaba vivir a un árbol que moriría manzana.

árbol que es manzana

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