28-

12 Ago

-el puerto-

 

Si que me estás diciendo que no es noticia y no es de las nuevas,

qué de lo que estás balbuceando no es viejo y sabido,

 

hubiera habido en algún lugar lejano del puerto, máquina inefable,

construida por el hombre capaz de crear tal fantasía alucinatoria. Era

como un arácnido de metal, con sus seis patas articuladas de catorce

metros cada una, que caminaba por avenidas por las cuales jamás un

humano caminó y sus semáforos instalados titilaban inconstantemente

en la luz de advertencia y las calles se cubrían de ráfagas amarillas

que rebotaban en el asfalto alisado por grandes barriles de plomo y

pintaba las fachadas de cientos de edificios en los que nunca viviría

gente, a no ser que la creación metálica…

 

ba! que bichos dichos más que nunca caminaron y son tu mente,

 

jamás hubiera habido noción interna más profunda que la catatonia en

las personas si no fuera por la televisión, como aparato de revolución

instantánea que hubo en el comportamiento humano de entonces a

hoy, día lunes de festividades, que cambió de un clic de botón on off el

hábito imperceptible del hoy mañana pasado y el próximo que quizás

te recuerde a los snappers o las pastillas soma, pero no!, sino más a

un estado natural que adquiere la gente que puede salir a caminar y

sólo por que le falta el oxigeno en sus venas y lo siente, no mientas

que no lo sentís cuando toda y casi; no sé!, supongo que es una

noción profunda porque es un estado de inalteración impenetrable de

los movimientos y el pensamiento más simple de on off on off off on

on o, y sabés que estás gritando sin girar la cabeza al ruido que hizo

la puerta y no giraste pero querés pero no podés sino gritar sin sonido

y sin movimiento y la puerta giró y te preguntan que si qué cuál qué

que?; y sabés qué?, no podés sino gritar y que él ellos ella él pero no

te escuche y se frustre en menor medida que vos y tu boca que jamás

se movió al igual que tus ojos y tus facciones y la posición estirada de

tu brazo, y caminás…

 

calles calles calles interminables como laberintos con paredes de

vidrio y sabés que estás encerrado y ves afuera y,

 

un cartel verde en la calle amarilla, y un nena de cinco y su muñeca;

–Si vos qué se supone que estás viendo en ese cartel? Un viejo sin

poder evitar ser un abuelo, –y qué haces acá sola, eh? A ver decime–

 

–Miray comopuedese´ queycomo sinohay nadiehaya tantascasas? Y

el señor no sabía si era una pregunta o qué era lo que estaba diciendo

y sin mutar su cara y ajustando su audífono con sus dedos rugosos y

quebradizos, lentamente con la boca abierta se fue y como llegó

entrometidamente en la fascinación de la pequeña nena se marchó

arrastrando su cojera por la aceitosa acera continua,

–Y esta es la casa de vacaciones de Barbie?

Quién sabe ni cómo sabe uno nunca es claro pero sin preguntar, no se

tiene respuestas, pero lo que no sabía el viejo quizás lo sabía otro y

otro y solamente llegando al final de la respuesta y el cartel verde, de

hombres trabajando,

 

un puente separa, un muro separa, una boca cerrada separa y

muchas cosas separan pero nada como el hombre y su asco,

 

y una araña que no camina y no construye su trampa arquitectónica y

meticulosa, sino que mira desde lo alto y no camina por los rincones

húmedos y oscuros sin más que oxidarse con la sal y la arena de la

costa, estancada en el mohecino puerto vigila su ciudad inmóvil y

alejada por un infranqueable puente da, da vinci,

y no hay ventanas ajadas sin personas que sonrían detrás con sus

distintos cuentos e historias familiares ni casas que tengan historias

por su cuenta si simplemente nunca vivió nadie allí,

 

ah, ojalá pudiera calmar a los cientos de búfalos que corren por mi

cabeza pero el día más largo no puede ser,

 

no puedo, no puedo sin parar de hacer algo importante sin nada que

dadear, sin impostar a dos y uno, cuando sin justo medio de friodado,

mi dedo se quiebra con un golpe de martillo, no hay nada que yo

pueda explicar, la ya complicada ciencia de la física ya no dijo antes,

tal masa cae en forma contundente y emplasta el hueso y el cartílago

de la mano derecha sin nada que sentir ni pena, ni arrepentimiento,

sin disculpas,

no hay vidrios que no se rompan sin ruido y no hay dientes en la cara

que resistan el mazazo que en la noche recibió entre ambos ojos

izquierdos, no hay dolor más omnipresente que el dolor siquiera de

cabeza, sin imaginación es fácil sentir penas y castigos por lo mal que

vamos en el camino de la supuesta y lo digo entre comillas

civilización…

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