32-

8 Sep

Capítulo 1; 2

 

3

El ruido de la campana de agua anunció su llegada. La puerta se cerró detrás de él como una tormenta pasajera que anunciaba las lluvias del amazonas descargándose en mojones por la ciudad, dejando a la ciudad como pantano con una neblina espectral que recubría las esquinas, dejando ciegos de corta vista y creando una Buenos Aires londinense —mágica pero sin monstruos como los del siglo XVIII— que se ve reproducida por una mente de otro tiempo. Pero aquellos espantos estaban. Presentes. En la ausencia de ellos, pululando por ahí: controlando.

 

Sin preocuparse por el golpe de la puerta y el ruido de la campana, sin preocuparse por nada, sigilosamente guardando sus manos en los bolsillos del pantalón, entró al negocio de su familia. Sin darse cuenta, acabó donde y por donde no quería ir. Algún mantra interna gritándole alternativamente a sus oídos mientras escuchaba la voz grandilocuente de teatro viejo, los pasos, uno tras otro, enfilados, lo llevo ahí: que carajo hago acá… que carajo hago acá… no lo puedo creer, está igual desde la última vez que entré… hará unos tres, cuatro meses… bueno… que carajo.

 

Apagó el equipo de música portátil. Su primera reacción fue pensar algo sobre el tiempo, algo sobre el hecho tácito del tiempo acá —en la tienda de relojes—, pensar como perforaba como una clepsidra para una tortura china… puta taladrándote el cerebro hasta la última gota. Parado en la esquina, donde el contra reflejo del sol que reptaba por la ventana en escaleras polvorientas y no llegaba a iluminarlo se paró ahí sin dejar ver sus ojos.

 

—¿Qué hacés viejo? ¿En qué andás?

 

Se le trabó la respiración, estaba ahí enfrente, erguido contra una mesa de trabajo mirando con la lupa el despanzurrado interior de un reloj detenido. Agitaba una clase especial de llave de tuercas que tocaba aquí y allá con discreción, como si un mecanismo recitara un diálogo de sonidos finos y movimientos calculados que al ajustarse le dijesen al oído lo que seguía después del próximo movimiento coordinado, por la fricción del relojero y el agitarse parsimonioso del tiempo. En espasmos calculados.

 

Tornando las orejas caídas por el peso de los anteojos, asomaban las descoloridas camisas de tanto usar, como si el último grito de la moda hubiese dado su campanada hace treinta años. Simón tenía aproximadamente unos cincuenta años y el pelo empezaba a ponerse grisáceo en las esquinas de los ojos y las patas de gallo se acalambraban al caminar por la artritis. Tenía los ojos como los de un montañés que había pasado las centurias escalando los picos altos, azules: como el cielo de una tormenta salada, como un ojo en el cielo. Era de la misma estatura que Andrés, pero parecía un cazador retirado, hacía que su altura no pudiera calcularse en centímetros y metros, sino en kilómetros caminados.

 

—Que qué hacés acá… este reloj me está causando unos problemas… el mecanismo de péndulos me está desquiciand…, si no importa decime qué pasa. La pregunta importante es qué hacés vos acá hijo.

 

—Caminé y vine.

 

—¿Y desde cuándo caminás vos?.

 

—Camino y punto.

 

—Bueno, pibe. ¿Cómo andás? Hace mucho que no te veía, no te enojes.

 

—No me enojo.

 

— Vení y ayudame.

 

—No me enojo en serio, parala.

 

—No vení, calmate. Traeme de ese frasco una de esas llaves.

 

—¿Cuál? Ésta.

 

—A ver, mostrame.

 

—Ésta. ¿Qué pasa? No la ves.

 

—Si, si esa.

 

—Me voy.

 

—¿Ya? Si no pasaron cinco.

 

—Si, ya.

 

Sonó el teléfono, una vez, dos veces, paró un segundo espacioso, sonó una tercera vez para luego sonar una cuarta.

 

—No te vayás. Quedate un segundo y tomemos un café.

 

—No vas a contestar.

 

—No, no levantes el teléfono. Es el 113.

 

—Trece horas, catorce minutos —lo miró a los ojos— diez y seis segundos; son las trece horas, catorce minutos, diez y siete segundos.

 

Colgó el tubo y paró.

 

—….

 

—Está contestando solo el teléfono. ¿Qué es esto? Tu teléfono está contestando solo y escuché la respiración profunda de otra persona del otro lado del tubo.

 

Continuará…

3 comentarios to “32-”

  1. tomás octubre 1, 2007 a 8:02 am #

    escuchame una cosa, creo que recién caigo en la cuenta: ¿moadib hace referencia a dune?

  2. moadibelmesias octubre 2, 2007 a 12:26 am #

    si, se escribe Muad’Dib pero era demasiado complicado.

  3. tomás octubre 2, 2007 a 5:03 am #

    Ahhh…

    Mirá que boludo. No me había dado cuenta antes.

    Muy bien entonces.

    Saludox,

    T.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: