34-

13 Oct

Capítulo 1, 2, 3, 4

Sleep hath its own world,

A boundary between the things misnamed

Death and existence: Sleep hath its own world,

And a wide realm of wild reality,

And dreams in their development have breath,

And tears and tortures, and the touch of joy.

 

Lord Byron.

5

Ya la noche encapotada reservaba la plaza para ellos. Las mesas de ajedrez se habían vaciado, dejando sólo los rastros de la timba y un caballo abandonado en el centro de la mesa. La luz azul de una sirena iluminó intermitente la plaza para luego desaparecer en la corriente de autos que fluía por la avenida.

—¿A dónde vamos? —preguntó Juan tirando el último cigarrillo que había prendido.

—Vamos adentro que va a ser más tranquilo.

El Jardín Botánico estaba cerrado pero eso no iba a impedir que entraran. Andrés ayudó a que Juan trepara la reja, luego se acercó al lado de Francia y le dio su ayuda. Ella lo rechazó, alegando que podía por sí sola.

—Mirá.

Andrés miraba atentamente el cuerpo de Francia casi embobado, reconociéndolo inalcanzable. Prohibido.

—Reconocen el lugar en donde estamos.

—No.

—¿El Jardín Botánico?

—Si, el Jardín Botánico, forro. El reloj de sol, centro áureo de nuestra ciudad. Un lugar de suma importancia y faro.

—¿Qué?

—¿Dónde está? —miró para todos lados, sin importarle realmente a donde miraba, mientras se rascaba el antebrazo con fuerza, ansiosa.

—Mejor dicho dónde estaba, acá… —un nuevo mensaje vibró en el bolsillo de Andrés, lo miró y se quedó un segundo ausente—. ¿Qué les decía?

—¿Qué te llegó?

—¿Vos me lo mandaste?

—No.

Después la miró a Francia.

—No. ¿Por?

—Este…. acá estaba el reloj de sol que la sociedad de fomento del Jardín había instalado hace muchos años. Unos viejos de mierda que lo único que hacen es pelotudear, perdiendo el tiempo con esas estupideces de las sociedades de fomento y las obras de caridad y cuidado, conservación del pingüino patagónico y que se yo cuanta mierda. Todavía siguen vivos, sólo que ahora lo hacen de forma secreta.

—Te enojaste.

—No hablo más. Tomen. —abrió su mochila y sacó una pequeña bolsa azul. Dentro había tres bolsitas aún más pequeñas con una pastilla Anti-morvan para cada uno. Juan agarró la bolsa primero y torpemente rompió el cierre hermético. Tragó la pastilla y la enjuagó con un poco de lluvia, abriendo la boca grande hacia arriba dejando que bajara.

Francia sacó sus manos de los bolsillos del pantalón de tela que ahora se encontraba en su totalidad pegado a las piernas. Ella estaba tiritando bajo la lluvia, el rimel de los ojos se había corrido proyectándole una sombra sobre los párpados que no se movían y su musculosa enjuagada por la lluvia que le provocaba frío.

Cada uno tragó su pastilla que era lo único que los calmaba, aunque Andrés todavía se sentía alterado por el sms.

[ahora son 2 gradd/sep]

La pastilla había empezado a hacer efecto, Juan ya dormía despatarrado sobre la circunferencia de piedra que había sido construida para el viejo reloj de sol. Ninguno podía dormir en su casa, las pesadillas recurrentes que los azotaban durante las noches les proporcionaban terrores nocturnos y lo único que les aminoraba el ciclo REM era la pastilla que tomaban. No era posible conseguirlas en los dispensers o máquinas expendedoras que uno encontraba por las calles; en esas máquinas tragamonedas junto a las latas de bebidas alcohólicas y las barras de chocolate, a las que se podía recurrir en búsqueda de la medicación requerida para cualquier dolencia o síndrome, fuese éste un dolor de cabeza o una, ahora simple, apendicitis. Pero las pastillas Anti-morvan sólo se conseguían en el mercado negro, cuando algunos traficantes que las diseñaban en sus laboratorios clandestinos las vendían al menudeo.

—Lo fuiste a ver a tu papá, qué te dijo sobre…

Los hospitales ya no existían puesto que habían capitulado bajo la poderosa maquinaria de los hermanos Simin, que tras sus guerras intestinas habían logrado unificarse y de esa forma dominar el sistema. Los gobiernos de turno habían intentado —como farsa— tratar de impedirlo pero, en definitiva —y toda la población lo sabía o creía recordarlo—, habían firmado acuerdos y convenios de contención para hacerse cargo del sistema de salud colapsado del país. El ministerio de salud ya no formaba parte de la esfera de atribuciones del estado, había salido a la bolsa hacia principios del 2000, como empresa privada que cotizaba en alza, cuyas acciones fueron compradas en su gran mayoría por los hermanos, a través de una empresa fantasma en el extranjero. Sin duda, mucha objeción por parte de la esfera pública no hubo.

En principio había sido aceptada como una solución extremadamente positiva, las largas colas en los hospitales habían desaparecido, a tal punto que no era necesario mantener la doble guardia y los distintos servicios como traumatología o clínica médica tuvieron que cerrar. Y con el correr de los años los hospitales se dispersaron, los médicos empezaron a trabajar en las farmacias y luego ni siquiera fueron necesarios. Las empresas farmacéuticas habían absorbido todos los recursos; y firmas como Gadoris, una de las últimas corporaciones nacionales, ocuparon las primeras planas de los folletines periodísticos durante meses tras ser asimiladas por inmensos conglomerados trasnacionales.

Francia seguía hablando, sus palabras seguían tiritando entre sus dientes, sus ojos a cada momento se iban poniendo más relajados, sin movimiento. Su cuerpo se desvaneció, cayó sobre la piedra, inconsciente cuando sus ojos grandes continuaban abiertos, sin moverse, sin sueño. Y sin tiempo como Sísifos sepultados sobre una piedra de sol mientras el viento con su lluvia caía sobre ellos.

—Nos acostamos en un borde entre algo inexplicable y otro mundo al que no pertenecemos, sólo para dormir y no soñar.

Andrés cerró sus labios.

Continuará…

Una respuesta to “34-”

  1. noemi octubre 17, 2007 a 9:08 pm #

    dormir y no soñar, el colmo del desperdicio,el umbral del sin sentido.

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