41-

14 Ago

Primera parte:
Introducción de la guerra.

Fruncen rumores que chocan contra la ventana de mi cuarto. La calle se encuentra allí debajo. Existe ahora sólo como un ruido, como la posibilidad de una nueva aventura… Un nuevo camino… Una nueva calle.

Caminamos. Nos movemos por un laberinto…

La ciudad se expande como una tortuga que avanza por una autopista universal. Las sales del desierto se acumulan en las paredes de las medianeras tal si fueran la resaca de la marea. La marejada salada sobre la caparazón de una tortuga.

Atravieso Buenos Aires, abajo arriba, dejando el río y la sal para encontrarme en el cemento cercano. Donde las paredes de los edificios huelen a frío atrapado y eléctrico. El verano nos abandonó a merced de un Boreas hambriento. Estática ciudad veloz…

El rabillo del ojo capta lo que nuestro consciente no quiere ver. Allí están todas las caras que olvidamos con el pasar del tiempo, ahí caminan por las calles, se sientan en los bancos de piedra porosa en las plazas y nos miran jugar en el subibaja.
Nuestra paranoia es una de nuestras grandes obsesiones. Nunca olvidamos aquellas cosas que miramos pasar por detrás de nuestras orejas.

Los cerdos atacan los cielos, los monos trepan los balcones, los pájaros comen en los basurales de las esquinas. Los animales nos atacan, nos dejan indefensos.

Hombres de piedra y metal caminan por la ciudad. Centinelas que nos observan.

Hombres encapuchados, mujeres que cubren sus rostros. Agitan sus bastones de odio. Ven como las calles de trincheras se confunden entre las bocas de los subtes. Nada debe esconder sus caras bajo viejas remeras de algodón. Ningún arma cenital puede contra ellos, en su peor pesadilla. Hemos perdido 30 años en una acción. Perdidos en un continuo de tiempo donde el único celuloide que queda torna toda imagen a sepia y las arañas del paso del tiempo cosechan sus huevos en las hendiduras del espacio vacante.

En un auto viajando en un túnel de luces que van apareciendo una tras otra; otros autos desaparecen transportados por la ceguera.
En estos últimos momentos de mi vida la realidad de los acontecimientos se ha tornado tan extraña que mi mente -noche extraña- deja la realidad como patos en un estanque, esperando para ser disparados.
Una bocina, un insulto gritado a través de la ventana, una historia de todo momento. El viaje necesita un destino para responder a su verdad ontológica. Cuál será nuestro destino?
La guerra vendrá, de eso no hay dudas. Los centinelas han observado cambios en el panorama…

Apenas somos pequeños hombres arreptilados que descansamos sobre los hombros de gigantes.
La evolución nos ha jugado una mala carta en este pantano urbano por el que nos deslizamos, moviendo nuestras colas largas y escamadas entre el fango de asfalto.
Dejamos nuestro rastro ya que hemos llegado mucho antes de lo que nuestros centinelas observaban.

Aquí comienza la guerra.

Este texto es un experimento, un juego de literatura. Cada párrafo es un post de mi otro blog, una entrada unitaria escrita como bitácora de guerra.

Cualquier semejanza con las personas o eventos de la realidad es pura casualidad. Esto es una obra de ficción.

2 comentarios to “41-”

  1. hache febrero 25, 2010 a 9:30 pm #

    Esta rayuela de era técnica me vidria los ojos. De todos modos, entre snap, loading preview, flechas directrices y letras fluorescentes, siento el acecho. Y el aliento me empaña mi nuca escamada.

Trackbacks/Pingbacks

  1. 41- | Voz Popular - agosto 14, 2009

    […] Leer más […]

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