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Guerra de Elefantes (Elephant’s War).

21 Abr

A veces por las noches en Buenos Aires los elefantes salen a matar.

Las calles se cubren de sangre borroneada por las trompas filosas de esos animales. Las personas corren sin entender hacia donde van. Las avenidas se cierran en barricadas humanas.

Un hombre con altoparlante grita desaforado, nos persiguen, nos quieren matar por los años de injusticias y desazón.

En camionetas pick-up, soldados jóvenes miran desorbitados ojos unos a otros, con sus rifles en mano. Escuchan como sus jefes de escuadrón vociferan órdenes sinsentido.

–Atacar. A atacar que el soldado debe cumplir con sus órdenes. Sino no tendrán su ‘nuevo’ por día. Su ‘guevo’ por noche.

–Atacar a qué? –Ataquen al mamus que corre por la calle.

–Dejate de joder. Nos va a matar.

El elefante con sus ojos inyectados en sangre logra escapar a través de los bosques de Palermo. Cansado, parapeta sus pesadas partes a tomar agua del lago.

La escena dantesca ya no tiene freno alguno. La gente muerta descansa eterna en el asfalto de Buenos Aires y los soldados atan a sus jefes con tanzas de carnicero a la baranda de la pick-up.

–Atacar conchitumá.

*-*

Tocar aquí para ver el video.

Esto es un video experimental sobre la matanza de los mitológicos elefantes blancos. Una guerra milenaria entre el hombre y el elefante.

Touch here to watch this video.

This is an experimental video about the killing of the mythological white elephants. A millennial war between man and elephant.

44-

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41-

14 Ago

Primera parte:
Introducción de la guerra.

Fruncen rumores que chocan contra la ventana de mi cuarto. La calle se encuentra allí debajo. Existe ahora sólo como un ruido, como la posibilidad de una nueva aventura… Un nuevo camino… Una nueva calle.

Caminamos. Nos movemos por un laberinto…

La ciudad se expande como una tortuga que avanza por una autopista universal. Las sales del desierto se acumulan en las paredes de las medianeras tal si fueran la resaca de la marea. La marejada salada sobre la caparazón de una tortuga.

Atravieso Buenos Aires, abajo arriba, dejando el río y la sal para encontrarme en el cemento cercano. Donde las paredes de los edificios huelen a frío atrapado y eléctrico. El verano nos abandonó a merced de un Boreas hambriento. Estática ciudad veloz…

El rabillo del ojo capta lo que nuestro consciente no quiere ver. Allí están todas las caras que olvidamos con el pasar del tiempo, ahí caminan por las calles, se sientan en los bancos de piedra porosa en las plazas y nos miran jugar en el subibaja.
Nuestra paranoia es una de nuestras grandes obsesiones. Nunca olvidamos aquellas cosas que miramos pasar por detrás de nuestras orejas. Sigue leyendo

28-

12 Ago

-el puerto-

 

Si que me estás diciendo que no es noticia y no es de las nuevas,

qué de lo que estás balbuceando no es viejo y sabido,

 

hubiera habido en algún lugar lejano del puerto, máquina inefable,

construida por el hombre capaz de crear tal fantasía alucinatoria. Era

como un arácnido de metal, con sus seis patas articuladas de catorce

metros cada una, que caminaba por avenidas por las cuales jamás un

humano caminó y sus semáforos instalados titilaban inconstantemente

en la luz de advertencia y las calles se cubrían de ráfagas amarillas

que rebotaban en el asfalto alisado por grandes barriles de plomo y

pintaba las fachadas de cientos de edificios en los que nunca viviría

gente, a no ser que la creación metálica… Sigue leyendo