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Guerra de Elefantes (Elephant’s War).

21 Abr

A veces por las noches en Buenos Aires los elefantes salen a matar.

Las calles se cubren de sangre borroneada por las trompas filosas de esos animales. Las personas corren sin entender hacia donde van. Las avenidas se cierran en barricadas humanas.

Un hombre con altoparlante grita desaforado, nos persiguen, nos quieren matar por los años de injusticias y desazón.

En camionetas pick-up, soldados jóvenes miran desorbitados ojos unos a otros, con sus rifles en mano. Escuchan como sus jefes de escuadrón vociferan órdenes sinsentido.

–Atacar. A atacar que el soldado debe cumplir con sus órdenes. Sino no tendrán su ‘nuevo’ por día. Su ‘guevo’ por noche.

–Atacar a qué? –Ataquen al mamus que corre por la calle.

–Dejate de joder. Nos va a matar.

El elefante con sus ojos inyectados en sangre logra escapar a través de los bosques de Palermo. Cansado, parapeta sus pesadas partes a tomar agua del lago.

La escena dantesca ya no tiene freno alguno. La gente muerta descansa eterna en el asfalto de Buenos Aires y los soldados atan a sus jefes con tanzas de carnicero a la baranda de la pick-up.

–Atacar conchitumá.

*-*

Tocar aquí para ver el video.

Esto es un video experimental sobre la matanza de los mitológicos elefantes blancos. Una guerra milenaria entre el hombre y el elefante.

Touch here to watch this video.

This is an experimental video about the killing of the mythological white elephants. A millennial war between man and elephant.

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2 Dic

– canciones de cuna –


Mambrú se fue a la guerra y nunca volverá…

Ja Ja Ja.

Ja Ja Ja…

Charlie le cantó a su hermano mientras la noche se tornaba pesada. Debían irse a dormir ya que tenían clases en la escuela a la mañana siguiente. Charlie le cantaba a su hermano porque esa noche ninguno de sus padres se había acercado a su cuarto para decirles las buenas noches.

Generalmente, su papá cantaba las canciones, ellos metidos narices bajo las sábanas y el cubre camas hasta que el sueño los venciera. El cubre era uno de batallas, de hombres araña y batamans. Muchos dibujos y aventuras desperdigadas sobre la tela que se metía con tirantez bajo el colchón, esa noche algo debía haber sucedido que cambió aquella tradición de arropes y sueños.

Detrás de la pared se escuchaba una fuerte y silenciosa discusión, como muebles moviéndose de un lado al otro de la habitación contigua. Las maderas del suelo rechinaban con suelas de goma, yendo y viniendo, hasta que pararon en seco, y se escuchó un último ruido de puertas cerrándose que no querían despertar a nadie. Seguir leyendo