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42-

27 Ago

–el profeta que reza–

Despertó de un sueño, de una historia que se repetía detrás de sus ojos cerrados, flotando, suspendido en el espacio.

Ahí estaba, tras caminar unos pasos, la huella que iba dejando al alejarse unos metros de la anterior parada. Como un elefante sin memoria, pesado, trompeaba con dejadez a cada nuevo paso que daba.

Las piedras se hacían puntiagudas bajo sus botas, filosas, dentadas, carnívoras como una mantis religiosa a punto de aparearse.

Las incontables horas que habían pasado desde su última comunicación con la central eran, como cada paso que lo alejaba aún más de donde había salido, como largas generaciones descendiendo de un único árbol que ya marchito iba a dejar de crecer. Los antiguos pueblos –su memoria confundía– contaban generaciones en los árboles, cada raíz un nombre diferente, cada una de las ramificaciones, una historia verdadera de guerras de supervivencia, relatadas hasta la última nervadura. Seguir leyendo

36-

4 Nov

Capítulo 1, 2, 3, 4, 5, 6

By being seldom seen, I could not stir

But like a comet I was wonder’d at.

William Shakespeare.

7

Francia y Andrés caminaban por la avenida buscando algún bar que estuviese abierto. Los porteros empezaban a baldear las calles y los diarios se apilaban en los puestos de revistas, muy pocos autos circulaban por la calle. Juan había desaparecido y eran muy pocas las pistas que habían encontrado. Casi ninguna, a no ser por el llamado telefónico perdido en el celular de Francia y esos misteriosos mensajes de texto, que ni siquiera sabían a qué correspondían. Seguir leyendo

35-

25 Oct

Capítulo 1, 2, 3, 4, 5

6

El sol empezaba a mostrar sus dientes entre las copas altas de los árboles.

—¿Dónde está Juan? —dijo Francia embotada, sus ojos giraban desbocados—. ¿Dónde está?

Miró para un lado y para el otro. Puteando.

Andrés seguía dormido, tirado en el piso. Juan había desaparecido, no se encontraba entre ellos en la posición en la que habían quedado la noche anterior. Durante esas horas algo había sucedido, algo había modificado lo que iba a pasar en adelante. Seguir leyendo

34-

13 Oct

Capítulo 1, 2, 3, 4

Sleep hath its own world,

A boundary between the things misnamed

Death and existence: Sleep hath its own world,

And a wide realm of wild reality,

And dreams in their development have breath,

And tears and tortures, and the touch of joy.

 

Lord Byron.

5

Ya la noche encapotada reservaba la plaza para ellos. Las mesas de ajedrez se habían vaciado, dejando sólo los rastros de la timba y un caballo abandonado en el centro de la mesa. La luz azul de una sirena iluminó intermitente la plaza para luego desaparecer en la corriente de autos que fluía por la avenida.

—¿A dónde vamos? —preguntó Juan tirando el último cigarrillo que había prendido. Seguir leyendo

33-

8 Oct

Capítulo 1, 2, 3

I don’t know why others always cause pain

and why we have to subsist assuming the pain of others

and they as answer to all evil.

There should be a sun to un-puzzle darkness,

against all, a sun should cast night into the light.

Anónimo.

4

Andrés había arreglado el resto del día para ahogarse en el tiempo.

Ver a su papá había sido una mala elección, una casualidad desafortunada que lo había dejado confundido, hasta preocupado. ¿Quién había sido aquella extraña respiración en el teléfono? Seguir leyendo

32-

8 Sep

Capítulo 1; 2

 

3

El ruido de la campana de agua anunció su llegada. La puerta se cerró detrás de él como una tormenta pasajera que anunciaba las lluvias del amazonas descargándose en mojones por la ciudad, dejando a la ciudad como pantano con una neblina espectral que recubría las esquinas, dejando ciegos de corta vista y creando una Buenos Aires londinense —mágica pero sin monstruos como los del siglo XVIII— que se ve reproducida por una mente de otro tiempo. Pero aquellos espantos estaban. Presentes. En la ausencia de ellos, pululando por ahí: controlando. Seguir leyendo

31-

1 Sep

Capítulo 1 acá.

2

 

Andrés caminaba por la calle entre uno y otro. Caminaba por la vereda de enfrente por donde las personas circulaban hacía sus trabajos, cuando ya los días no eran lo mismo y sobraban las objeciones y las quejas. No podía permanecer más tiempo en su casa, por lo tanto había decidido salir hoy a trabajar, o por lo menos eso había dicho. Iba a tratar de ver con sus ojos cansados eso que se le había prohibido, cuando el tiempo había decidido parar. El tiempo había tomado un curso nuevo. Diferente al que los tenía acostumbrados. Avanzaba. Se detenía. Retrocedía para volver a retomar su marcha. En ese momento se había paralizado. Seguir leyendo